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7.2. Operaciones en verde.

Bibliografía consultada:

CARREÑO ESPIN, J., MARTINEZ CUTILLAS, A. 1996. Uva de mesa en Murcia. Nuevas variedades. Agricultura, 766, pp. 417-419.

CARREÑO ESPIN, J., MARTINEZ CUTILLAS, A., PINILLA SAUCA, F. M., 1992. Técnicas para mejorar la calidad de la uva de mesa sin semillas. Agrícola Vergel, Abril 1992, pp. 284-287.

GARCIA DE LUJAN, A., LARA BENITEZ, M., 1998. Variedades de uva de mesa en Andalucía. Monografías 20/98, Consejería de Agricultura y Pesca de Andalucia, 247 pp.

HIDALGO, L., 1993. Tratado de viticultura general. Ediciones Mundi-Prensa. 983 pp.

HIDALGO FERNANDEZ-CANO, L., 1997. El modelo chileno para la producción de uva de mesa de la más alta calidad. Viticultura/Enología Profesional, 50, pp. 48-52.

M. CACERES, E., 1996. Uva de mesa. Cultivares aptas y tecnología de producción. E.E.A. SAN JUAN, CENTRO REGIONAL CUYO. Argentina. 81 pp.

MUÑOZ HONORATO, I, 1990. El cultivo de la uva de mesa en chile. Algunos antecedentes de manejo. Viticultura/Enología Profesional, 11, pp. 36-41.

NAVARRO CLIMENT, A., PARRA CHAPARRO, F., 1997. Uva de mesa, Técnica general y variedades. Cuadernos de Fitopatología. Revista de fitopatología y entomología, 52. pp. 16-17.

NOGUERA PUJOL, J., 1980. Viticultura práctica. Ediciones Dilagro. 370 pp.

PASTENA B., 1990. Trattato di viticoltura Italiana. Edizione Agricole, 961 pp.

PEREZ CAMACHO, F, 1992. La uva de mesa. Ediciones Mundi-Prensa, 153 pp.

REYNIER, A., 1995. Manual de viticultura. Ediciones Mundi-Prensa. 407 pp.

TORREGROSA MIRA, A., 1997. Uva de mesa. Mecanización del cultivo de la uva de mesa. Cuadernos de Fitopatología. Revista de fitopatología y entomología, pp. 9-14.

Hojas divulgativas:

LOPEZ ANDREO, J.R., 1999. Labores culturales realizadas en uva de mesa. Conducción en parral.

Información privilegiada:

GALLEGO ZAMORA, F., 1999. Técnico de Huerto Chico, Murcia.

LOPEZ ANDREO, J.R., 1999. Técnico de ATRIA de uva de mesa.

LOPEZ GONZALEZ, A., 1999. Técnico de TAQUIMSA.

Las operaciones de poda en verde se efectúan en el transcurso del período de actividad vegetativa para complementar la poda de producción y asegurar un mejor equilibrio entre la parte vegetativa y los órganos de producción (REYNIER, A., 1995).

Junto con la poda en verde se realizan una serie de operaciones complementarias, constituyendo la suma de ambas lo que se llama operaciones en verde.

Estas operaciones en verde pueden ir dirigidas a la vegetación: atado de sarmientos y pámpanos, destallado, despuntado, desnietado, deshojado y prepoda; o pueden ir dirigidas a los racimos: aclareo manual, desenredado, atado y arreglo del racimo.

7.2.1. Atado de sarmientos y pámpanos.

El atado de sarmientos y pámpanos a la estructura básica del sistema de conducción tiene como principales objetivos: sujetar los elementos de carga, evitando la rotura de éstos; y mejorar la manipulación y distribución de racimos y vegetación.

Conducción en parral. Después de la poda, y antes de que las yemas salgan de su latencia, se realiza el atado de los sarmientos a los alambres que conforman la estructura básica del parral (LOPEZ ANDREO, J.R., 1999).

Esta tarea se suele realizar con máquinas grapadoras que utilizan cinta para el atado. En los sarmientos más difíciles de atar, como son lo más cortos o más alejados de los alambres se sigue utilizando el esparto (LOPEZ ANDREO, J.R., 1999).

Conducción en espaldera. En la espaldera también se realiza el atado de sarmientos, lógicamente en la misma época, aunque es una tarea que requiere menor tiempo de ejecución, ya que solamente se atan los sarmientos (menos númerosos que en parral) de mayor longitud dejados en la poda, por lo tanto, también es lógico pensar, que en los casos de poda corta está tarea no se realiza (GALLEGO ZAMORA, F., 1999).

Tras la brotación una de las primeras operaciones que se realiza en la conducción en espaldera es el atado de los brotes o pámpanos al alambre de ésta (TORREGROSA MIRA, A., 1997).

Antiguamente esta tarea se realizaba a mano, pero en la actualidad lo que se hace es una operación muy rápida que consiste en recoger la vegetación entre dos bandas de plástico, que manualmente se colocan a cada lado de la espaldera, utilizando bobinas de hilo. Las operaciones de atado de la vegetación a la espaldera continúan con el crecimiento de los brotes, aunque se puede optar por practicar el despunte de los pámpanos en crecimiento (TORREGROSA MIRA, A., 1997).

Lo normal es tirar dos hilos, éstos quedan dispuestos a cada lado de la alineación de la espaldera, y tensados. Esto se hace cuando los brotes han alcanzado entre 40 y 50 cm de longitud, así, los hilos se encargarán de sujetar la vegetación, y se irán subiendo conforme al crecimiento de los pámpanos. Cuando los tallos llegan al último alambre de la espaldera se hace una especie de trenzado sobre éste para asegurar su sujeción (GALLEGO ZAMORA, F., 1999).

En las modernas espalderas normalmente el alambre o alambres centrales son dobles, de esta manera, solamente hay que introducir los pámpanos por entre estos para sujetarlos, no necesitando de la disposición de hilos (GALLEGO ZAMORA, F., 1999).

7.2.2. Destallado.

Hay que distinguir entre el destallado de brotes que nacen en madera vieja y el destallado de pámpanos nacidos de los sarmientos dejados en la poda.

Destallado de brotes en madera vieja. Consiste en la supresión de tiernos brotes adventicios situados en el tronco y brazos (nacidos, por tanto, de yemas latentes) y que no pueden tener utilidad alguna o excepcional en una futura poda invernal de regeneración de la cepa (NOGUERA PUJOL, J., 1980).

Se realiza sin herramienta, dando una ligera torsión a los brotes para desprenderlos, pero si se hace en época tardía será ya conveniente el uso de tijeras (NOGUERA PUJOL, J., 1980).

Destallado de pámpanos en sarmientos. Se trata de la supresión de los brotes normales que no llevan fruto, en medida prudente, sin restar mucha superficie foliar (NOGUERA PUJOL, J., 1980). Esta tarea puede simultanearse con el destallado de brotes en madera vieja.

La supresión de brotes será mayor en cepas de escaso vigor y más reducida en las vigorosas, por estar más necesitadas de savia (NOGUERA PUJOL, J., 1980). Depende también de la temperatura e insolación, siendo menos intensa a mayor temperatura e insolación, y al contrario.

Normalmente se realiza cuando los pámpanos han alcanzado una longitud de 30-50 cm, cuando se distingue perfectamente cuales de ellos han dado racimos y cuales no. Se procede entonces a la eliminación de los no fértiles, es decir, de los que no llevan ningún racimo. Siempre se dejan los primeros, los más cercanos a la base del sarmiento que servirán de madera (uveros y pulgares) para el próximo año (LOPEZ ANDREO, J.R., 1999).

En cepas débiles o de vigor medio, cuando exista un exceso de pámpanos fértiles, hay quien aconseja la supresión de algunos de éstos, para que una cosecha demasiado grande no venga a restar vigor a la cepa, y también para conseguir una mejora de la calidad (HIDALGO, L., 1993). Es más conveniente para realizar esta supresión esperar al cuaje para observar y discernir, aunque parezca un sacrificio, cuáles se consideran superfluos.

7.2.3. Despunte.

Consiste en la reducción o supresión de la extremidad del pámpano o simple eliminación (pellizco) de su ápice o punta (NOGUERA PUJOL, J., 1980).

Generalmente los despuntes si no son severos tienen efectos favorables sobre el cuajado y la fisiología de la cepa, por el contrario, cuando son demasiado intensos reducen el vigor, el rendimiento y la calidad (REYNIER, A., 1995).

Conducciones en parral. El despunte solo está recomendado en algunas variedades para atenuar el corrimiento de la flor en momento oportuno, a los dos o tres días siguientes a la misma floración (NOGUERA PUJOL, J., 1980).

El despunte debe afectar solamente las últimas hojas, las no formadas todavía completamente, del extremo o ápice del pámpano (NOGUERA PUJOL, J., 1980).

Ha de ser practicado manualmente, con la ayuda de tijeras, no habiendo posibilidad de mecanizarse.

Conducciones en espaldera. El despunte responde, entre otros, al mismo objetivo productivo que en la conducción en parral, pero además, y más importantes, son objetivos del despunte en este sistema de conducción (REYNIER, A., 1995): facilitar el paso de las máquinas de cultivo y de los tratamientos suprimiendo una vegetación excesiva; mejorar la insolación y la aireación de los racimos reduciendo la sombra proyectada por una fila sobre otra; suprimir órganos jóvenes sensibles a los ataques de hongos; y mantener el porte erguido de los pámpanos, reduciendo su longitud antes de que adquieran un porte péndulo.

Su mejor período de ejecución, para aprovechar su ventaja sobre el cuajado, se sitúa en plena floración; practicado demasiado pronto, antes o al principio de la floración, puede tener un efecto contrario; practicado demasiado tarde, después de la floración, no tiene efectos sobre el cuajado (REYNIER, A., 1995).

Se realiza manualmente con ayuda de hoz o tijeras, o más corrientemente, mediante despuntadoras mecánicas.

7.2.4. Desnietado.

Se le llama así a la tarea en la que se eliminan nietos o nuevos brotes que emanan de los pámpanos principales, aunque donde no convenga suprimirlos se pueden simplemente despuntar. Puede combinarse con el deshojado en las cepas de vegetación muy densa si a pesar de ésta operación no se lograra la suficiente ventilación y luz solar directa.

Al igual que el aclareo de brotes, la supresión será menos intensa a mayor temperatura e insolación, y al contrario.

7.2.5. Deshojado.

El deshojado o "despampanado" es una operación típica en la uva de mesa; consiste en la supresión de un número variable de hojas a la altura de los racimos, para que éstos se aireen mejor, reciban más luz, y sean más efectivos los tratamientos dirigidos al racimo.

Siendo las hojas órganos de funciones vitales se deduce que no deben suprimirse más de lo estrictamente indispensable, y que esta operación será tanto más incorrecta cuanto más se acentúa el número de hojas suprimidas, que no deben superar más de tres o cuatro por brote (NOGUERA PUJOL, J., 1980). El deshoje es una de las prácticas que deben realizarse con más prudencia, ya que es fácil incurrir en abusos muy perjudiciales.

Si se realiza correctamente, aunque es nocivo para el rendimiento de la cepa, es favorable a la calidad, ya que su efecto fundamental de mejorar la iluminación se ejerce durante largo tiempo, mientras que el nocivo de supresión de superficie foliar se atenúa por formación de nuevos órganos de asimilación (HIDALGO, L., 1993).

El deshoje puede ser practicado varias veces a lo largo del cultivo, principalmente durante el período de crecimiento y durante el período de madurez.

Período de crecimiento. Durante el período de crecimiento, después del destallado y próximo a la floración, se suele realizar en algunas variedades, al menos en las más vigorosas y/o de poda larga (LOPEZ ANDREO, J.R., 1999).

Período de madurez. Después del cuajado, una vez que las bayas comienzan su engorde y el racimo va adquiriendo peso, se realiza un segundo deshojado (LOPEZ ANDREO, J.R., 1999).

Cuando se realiza el atado de las uvas (descrito más adelante), se aprovecha para efectuar un tercer deshojado, pero mucho más somero, eliminando las hojas que vuelven a cubrir los racimos (LOPEZ ANDREO, J.R., 1999).

Hay que señalar que dependiendo del vigor de la variedad, y de las preferencias o posibilidades de cada agricultor, a veces solamente se realizan dos deshojados, atrasando el primero y realizando el segundo entre el engorde y el envero de la uva (LOPEZ ANDREO, J.R., 1999).

En variedades de poda larga (muy vigorosas), es necesario hacer al menos tres despampanados, sin embargo, en otras de poda corta basta con dos (LOPEZ ANDREO, J.R., 1999).

7.2.6. Prepoda.

Esta poda en verde se realiza sobre la madera en proceso de lignificación del presente año; se da en las variedades más precoces y de alto vigor (LOPEZ ANDREO, J.R., 1999).

Conducción en parral. Su finalidad es eliminar los tallos que no servirán para el próximo año, consiguiendo que las reservas se acumulen en la madera útil, es decir, en los tallos verdes más cercanos a la base del sarmiento, que serán los uveros del año próximo. Se observa así un engorde superior al normal en los tallos que quedan después de realizar esta poda (LOPEZ ANDREO, J.R., 1999).

Es una tarea manual, que se realiza con los mismos utensilios que una poda de producción normal, no siendo necesario personal tan especializado como en ésta.

Conducción en espaldera. Su principal objetivo es facilitar la poda posterior; utilizando prepodadoras mecánicas, se eliminan gran parte de la masa vegetal, permitiendo al podador efectuar con más facilidad la poda de producción (TORREGROSA MIRA, A., 1997).

7.2.7. Aclareo manual.

Consiste en la eliminación de parte de la cosecha y tiene como objetivo fundamental el incrementar la calidad del fruto. El aclareo consigue incrementar la relación número de hojas/cosecha, lo que conduce a una mejora en la alimentación del fruto (PEREZ CAMACHO, F, 1992).

La eliminación de la cosecha se puede realizar, tanto antes de la floración o durante ésta, o después del cuajado, y se pueden eliminar o bien racimos enteros o partes de éstos (PEREZ CAMACHO, F, 1992).

Existen principalmente seis métodos diferentes de aclareo manual conducentes a obtener un máximo de calidad: eliminación de inflorescencias, poda de la inflorescencia, aclareo manual de flores, eliminación de racimos, poda del racimo y aclareo manual de bayas.

Normalmente solamente se utiliza uno, e incluso dos de los seis métodos, o ninguno, y su realización practica se superpondrá, sí se pudiera, con alguna tarea sobre la vegetación o al contrario.

Eliminación de inflorescencias. Se le llama también eliminación de racimos antes de la floración. Esta practica no es muy habitual y se utiliza normalmente en variedades con tendencia a presentar cuajado irregular. Por lo tanto, la supresión de los racimos se debe realizar antes de floración (PEREZ CAMACHO, F, 1992).

Los racimos deben eliminarse sin suprimir las hojas, con ello se incrementa la relación hojas/racimos y se mejora la nutrición de las inflorescencias que quedan, y así se puede esperar un mejor cuajado (PEREZ CAMACHO, F, 1992).

Esta operación, es tanto más efectiva si corresponde a una poda larga, que permita seleccionar los racimos en su número adecuado.

Se considera algo arriesgada (GALLEGO ZAMORA, F., 1999).

Poda de la inflorescencia. Llamada también poda del racimo antes de floración. Esta practica es simplemente una variante de la anterior, estando indicada en las mismas condiciones. Además de mejorar cuajado, lo que se busca es dar una adecuada forma comercial al racimo (en los muy compactos y/o muy grandes) y conseguir una mayor calidad, obteniendo racimos más sueltos y con mayor posibilidad de crecimiento de sus bayas.

Esta poda normalmente solo afecta a la parte terminal del racimo, constituyendo el llamado descole o despunte, aunque también pueden ser eliminados las alas superiores y algunas ramificaciones.

Se realiza manualmente con tijeras especiales, y al igual que la eliminación de inflorescencias, la poda de inflorescencias se ejecuta antes de la floración, al objeto de afectar, de la misma manera, sobre el cuajado en variedades propensas al corrimiento.

Aclareo manual de flores. El aclareo manual de flores es una practica de difícil ejecución, indicada solamente en variedades apirenas con gran cuajado y compacidad de racimo, y lo más importante, que no responden al aclareo químico de flores.

Con el aclareo lo que se pretende es, en primer orden, reducir la compacidad de las bayas en el futuro racimo, consiguiendo que sea más suelto, y en segundo orden, aumentar el tamaño de las bayas, ya que al disminuir el número de flores y futuros granos, el tamaño de éstos aumentará.

Su momento de ejecución es normalmente antes de la floración, aunque se puede realizar durante ésta. Para realizar esta operación se utiliza un cepillo de cerdas plásticas. Los racimos se cepillan colocando una mano detrás y efectuando 2 a 5 pasadas, de arriba hacia abajo, en ambos lados del racimo (M. CACERES, E., 1996), tratando de eliminar un gran porcentaje de flores, e intentando dejar aproximadamente unas 80 futuras bayas por racimo.

Es una operación propia de la conducción en parral, o al menos es donde se lleva a cabo con mayor facilidad, debido a la mayor facilidad de manipulación que ofrece sobre los racimos.

Eliminación de racimos. Consiste en reducir el número de racimos cuando por la superabundancia de fruto sea de esperar una escasa calidad y dificultad de maduración, además de otros contratiempos para la planta (NOGUERA PUJOL, J., 1980).

Este procedimiento se utilizará en aquellas variedades que producen más de un racimo por brote, para dejar una producción equilibrada, que permita obtener racimos con bayas más gruesas y mejor maduración (CARREÑO ESPIN, J., MARTINEZ CUTILLAS, A. 1996).

Generalmente se conserva un solo racimo por brote, cuya elección depende de la variedad, aunque en brotes vigorosos se pueden dejar los dos (M. CACERES, E., 1996).

Se recomienda eliminar racimos pequeños o mal formados, o bien racimos excesivamente grandes (PEREZ CAMACHO, F, 1992). Así, esta operación se debe realizar después del cuajado del fruto, momento en que cabe precisar mejor, cuales y cuantos conservar o eliminar.

Esta operación se realiza manualmente, con tijeras especiales, y es tanto más efectiva si corresponde a una poda larga, que permita seleccionar los racimos en número adecuado (NOGUERA PUJOL, J., 1980).

Poda del racimo. Consiste en eliminar partes del racimo, buscando dar una adecuada forma comercial al racimo y conseguir una mayor calidad, disminuyendo la compacidad del racimo, aumentando el tamaño de las bayas y mejorando su coloración. La parte o partes del racimo a eliminar dependerán de su tamaño y forma.

Normalmente la poda del racimo consiste en despuntar el tercio inferior del racimo, eliminar o despuntar el primer hombro, cuando es muy largo, y eliminar algunas ramificaciones laterales del raquis (CARREÑO ESPIN, J., MARTINEZ CUTILLAS, A. 1996), hasta dejar racimos con un número adecuado de bayas, según variedades.

Este procedimiento se utilizará en aquellas variedades con racimos muy compactos y/o muy grandes. Se realiza manualmente con tijeras especiales, y su mejor resultado se consigue ejecutado inmediatamente después del cuajado, ya que se ha demostrado que es el momento en que más influye sobre el futuro peso de las bayas (PEREZ CAMACHO, F, 1992).

Aclareo manual de bayas. El aclareo de granos o cincelado consiste en la supresión de bayas preferentemente del interior del racimo (REYNIER, A., 1995), utilizando unas tijeras especiales. Es una operación muy lenta, que requiere una cierta habilidad para que resulte eficiente.

Esta solamente indicado para producciones de variedades de uva de mesa selecta, de racimos grandes y compactos, y a los que no se les ha aplicado aclareo químico o no respondan a ello.

El mejor resultado al igual que en la poda del racimo se obtiene inmediatamente después del cuajado.

Se realiza manualmente, con tijeras especiales, y es una operación propia de la conducción en parral, o al menos es donde se lleva a cabo con mayor facilidad, debido a la mayor facilidad de manipulación que ofrece sobre los racimos.

7.2.8. Desenredado.

Al mismo tiempo que realizamos el segundo deshojado, durante el período de madurez, se aprovecha para desenredar y colocar los racimos. Básicamente la tarea consiste en separar los racimos que crecen juntos o enredados y colocar la cosecha bien distribuida.

7.2.9. Atado.

Entre el engorde y el envero, una vez que el racimo ha alcanzado un tamaño considerable, suelen descolgarse algunos pámpanos debido al peso de los racimos. Se crea la necesidad de ir atando éstos, para evitar que se quiebren (LOPEZ ANDREO, J.R., 1999).

Esta operación se realiza manualmente, utilizando solo esparto, por su mayor resistencia (LOPEZ ANDREO, J.R., 1999).

El atado no se realiza en la conducción en espaldera; los pámpanos están bien sujetos, y generalmente no se corre el riesgo de que se quiebren por el peso de los racimos (GALLEGO ZAMORA, F., 1999).

7.2.10. Arreglo del racimo.

Es una operación que tiene como finalidad la mejora de la calidad de la uva antes de la recolección. La decisión de realizarla o no depende de la variedad, del estado de los racimos, así como el destino de la uva (LOPEZ ANDREO, J.R., 1999).

El arreglo del racimo se realiza con dos finalidades (LOPEZ ANDREO, J.R., 1999): eliminar granulla, grano ciego o pequeño y limpiar el racimo.

Estas operaciones se realizan manualmente, con tijeras especiales, y su ejecución presenta mayor facilidad en la conducción en parral.

Eliminación de grano pequeño. Se lleva a cabo en aquellas variedades con problemas de corrimiento o mal cuaje. Es una operación que se puede ir realizando desde después del cuajado hasta antes del envero, como complemento a otras operaciones (LOPEZ ANDREO, J.R., 1999)

Limpieza de racimos. Consiste en la eliminación con tijeras de bayas anormales, lesionadas, o atacadas por algún agente patógeno. Se realiza normalmente antes de la recolección (LOPEZ ANDREO, J.R., 1999).

Esta operación de limpieza se puede realizar en almacén, cuando la confección se realice en éste, y constituye uno de los primeros pasos en la confección de la uva de mesa.